martes, 23 de abril de 2013

COLABORACION PARA LAS PATRONALES:EXITO DEL I ENCUENTRO POPULAR Y DE COLECTIVOS ORGANIZADO POR LA NIUEVA COMISION DE FIESTAS.

Deseaba llegar temprano. Ligeramente pasadas las 12 del mediodía, ya me encontraba dentro del recinto. El primer impacto positivo, la cantidad de colaboradores que iban de un lado a otro disponiéndolo todo. Lo que más incitaba mi curiosidad, el enorme fogón circular, con una hoguera ardiendo y bajo la vigilancia de algunos con rótulo de "organización" A su vera una paellera, también enorme, que se acopló perfectamente al fogón, tras recibir éste 4 ó 5 buenas bolsas de carbón. Los que instalaron los bloques calcularon con perfección la circunferencia que daba forma al fogón y, por supuesto, el fiel nivel de aquel grandísimo caldero chato.Por fuera del espacio acotado, curioseábamos media docena ante lo novedoso de aquel taller de cocina. En el goro del fuego se notaba que los encargados de la cocina tenían sus funciones bien aprendidas. El Maestro Arrocero y sus dos ayudantes principales, dirigían con perfección la maniobra: grandes recipientes de cebollas, tomates, pimientos, fueron cayendo, uno tras otro; cuatro paletas lo removían. Sal, caldo, plantas aromáticas, pimentón y otras tiemplas. Carne de vaca, cerdo y pollo. Vino blanco, abundante, quizás 25 k.


Mientras todo esto sucedía, la gente iba llegando a la puerta del recinto en el que tenía que producirse el comensalismo vecinal. Uno de los del Velero me decía que, al menos una vez al año, todos los vecinos de un barrio debieran comer juntos para fomentar la convivencia vecinal. Aquí hoy, esto, se estaba fraguando, bajo un calor agresivo, aunque no bochornoso, es decir, casi seco. Dentro de todos los que allí estábamos reunidos, serían las 13 horas, sentíamos la preocupación de que viniera poca gente por el calor y porque había habido poca venta previa del boleto de entrada. Otro decía: estamos aquí, por tratarse de lo que se trata, tenemos que colaborar. Los de organización continuaban con su ajetreo; ya el ventorrillo estaba a pleno rendimiento, la alegría empezaba a desbordarse y la gente llegaba más que gota a gota, hasta sorprendernos a todos la cola para entregar el ticket a la entrada.

En la parte opuesta al chiringuito había otro centro de animación: la Parranda de San Antonio; Raúl repartía vino, cerveza y enyesques varios. También en el escenario los músicos contribuían a la animación, así como los muchachos que nos hicieron vivir emociones, recordando a nuestros antepasados con el Salto del Pastor. Las sillas se ocuparon todas, más de la mitad tuvimos que comer de pie, apoyados en los mostradores. Pero ya no había preocupación por el éxito: más pudieron venir, pero ninguno de los presentes podrá decir que fuimos pocos: el éxito estaba logrado. Y la guinda de la fiesta la puso el arroz, es decir, el Maestro Arrocero: ¿cómo es posible que de una paellera tan grande haya salido un arroz tan sabroso? Fue el comentario generalizado entre todos los comensales. Eran mucho más agradables los granos de arroz que los tropezones del entullo.

Estorbos hubo pero pocos, sobre todo que sea la primera vez y el abundante calor. Pero Gracias a la Comisión de Patronales y sus colaboradores, muchos y siempre animados; gracias a la buena comida; y gracias a la gente del Pueblo que acudió por amor a nuestra fiesta tradicional, esta comida de colectivos constituyó un éxito rotundo. ¡Como para que se repita! Porque esta fiesta de solajero se ha ganado el derecho a repetirse, año tras año, como inicio de las Patronales. El precio puede ser un poco más bajo, de manera que la fuerza recaudadora para los gastos de nuestras fiestas debe acentuarse en el Ventorrillo. Bueno, no soy yo quien debe decir estas cosas, pero es lo que pensaba cuando tuve que marcharme de aquella fiesta que, por lo que me dijeron, duró hasta bien entrada la tarde de este memorable 20 de abril de 2013.

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